Algunos buenos amigos me preguntan si, en un contexto de “reconciliación”, los de Estado Aragonés podríamos “volver” a la CHA. Lo primero que hay que aclarar es que no toda la gente de EA provenimos de CHA; de todas formas, uno de los viejos y buenos compañeros de Estado Aragonés, de los que fundamos CHA, responde con una frase ingeniosa y tajante: “si volvemos, no avanzamos”.

No hay ninguna posibilidad de que Estado Aragonés se disuelva para integrarse en Chunta Aragonesista, el proceso de reunificación (de confluencia o compleganza que se dice) del nacionalismo aragonés que deseamos ha de ser diferente. Para ello hay que comprender cómo se fundó la CHA y cómo se rompió la unidad que se había forjado en su seno.

Fundamos CHA un centenar de personas provenientes de diversos grupos, todos más o menos vinculados al movimiento aragonesista, entendido éste como movimiento cultural, que habíamos llegado a la conclusión de que sólo una propuesta política unitaria podría sacar a Aragón de su marginalidad. Teníamos planteamientos sobre la cuestión nacional muy diversos, y también qué significaba ser socialista, pero acordamos desarrollar un discurso político moderado por puro pragmatismo político: los objetivos a corto plazo eran tan humildes como que Aragón consiguiese un Estatuto de “vía rápida”, en vez de esa autonomía capada que nos dejaba siquiera sin Educación ni Sanidad.

Elegimos para ello el nombre de la asociación cultural que agrupó a los nacionalistas a principios de siglo XX: Unión Aragonesista, y no el nombre del partido que los más políticos de ese grupo fundaron en 1933: Estado Aragonés, obviamente, en un momento en que con el término “aragonesista” se identificaba en la prensa al jugador de fútbol del Deportivo Aragón (a la sazón, filial del Real Zaragoza), olvidado el viejo significado de antes de la Guerra, “aragonesista” se había convertido en un término totalmente blanco. Sin embargo, quedaron como emblemáticas las históricas fechas conmemorativas del nacionalismo aragonés: el 20 de diciembre y el 29 de junio.

A pesar de la moderación de los planteamientos, nadie quedó excluido de ese proceso, de hecho, recuerdo perfectamente una “Carta al Director” del Diario del Alto Aragón firmada por Francho Nagore en la que, aludiendo a una reunión en Boltaña de la gente que había apoyado la candidatura de Herri Batasuna en las Elecciones Europeas de 1989, afirmaba que si fundaban un partido a parte cometerían un error y que tenían un sitio dentro de CHA. Así, hasta las Elecciones Europeas de 2009 ningún otro partido nacionalista disputó el voto a la CHA. Ese año Puyalón de Cuchas apoyó en las Elecciones Europeas la candidatura Iniciativa Internacionalista, precisamente la “marca blanca” de Batasuna.

Desde 1986, desde dentro de CHA el “sector radical” (”branca fura” nos hacíamos llamar con humor) comenzamos a demandar una radicalización progresiva de los planteamientos del partido, significativamente que el Derecho a la Autodeterminación se viese reconocido en los Estatutos de CHA. Eso lo conseguimos en la III Asambleya Nazional, celebrada en Teruel en enero de 1992. Para ello tuvimos que fundar una Corriente de Opinión que llamamos Caxicar y que disolvimos inmediatamente después de cumplido el objetivo. Así, en una negociación a veces tensa, con la Dirección de CHA, conseguimos introducir lo que hoy es el artículo 3º de los Estatutos de CHA.

CHA había nacido, pues, como un partido unitario pero plural, de corrientes de opinión diversas que compartían el espacio y debatían entre ellas. Esto fue lo que se rompió a partir de 2004.

Podemos extendernos en un debate sin fin sobre las causas concretas de la crisis y sobre las responsabilidades personales de cada uno de los participantes en ella, pero lo que debemos tener claro es que la radicalización de una parte del partido, o la moderación de otra, no fueron causas de la ruptura de hace 10 años. Esas realidades llevaban ahí desde la fundación.

Porque además, las crisis de CHA se han venido prolongando hasta ahora mismo: la última ruptura de CHA en Huesca ha significado otro varapalo electoral, si bien más pequeño que el de 2007 o el de 2011, y disimulado por la circunstancia de que en Zaragoza y las Cortes de Aragón CHA es necesaria para el gobierno de izquierda. Pero llueve sobre mojado y demuestra que, en realidad, CHA como estructura, como organización, no gestiona bien sus debates internos. Desde hace 10 años, cada vez que hay una discrepancia importante, ésta se salda con la salida del partido de los discrepantes, convirtiéndose en disidentes. Eso hace que el partido pierda músculo, presencia social, imagen pública y da alas a sus rivales en la ocupación del espacio político ganado durante 30 años por el nacionalismo de izquierda. Porque además, los partidos que ocupan ese espacio no son aragonesistas, con lo que no sólo lo pierde la CHA, sino todo el nacionalismo aragonés en general.

CHA ya no es una organización válida para gestionar la pluralidad del nacionalismo aragonés, pero sí que agrupa eficientemente al sector sin duda más numeroso del mismo: el aragonesismo socialdemócrata y federalista, manteniendo una representación institucional del aragonesismo de izquierdas que sin duda es positiva para el país.

En esta situación, yo intento imaginarme la posición de los actuales militantes de CHA y creo vislumbrar una dicotomía ¿Están cómodos con la actual situación, creen que la participación en el Gobierno de Aragón, por sí sola, hará revertir la pérdida de votos? ¿O por el contrario sospechan que la bajada de votos, elección tras elección, es estructural y puede llevarles no sólo a la irrelevancia política sino incluso a ser una fuerza extraparlamentaria?

En Estado Aragonés no buscamos el colapso de CHA para ocupar su espacio, por el contrario, aspiramos a ampliar el nuestro propio, como opción aragonesa, soberanista y autogestionaria pero también creemos que es posible la construcción de un espacio político común a todo la izquierda nacionalista aragonesa, donde quepamos no sólo CHA y EA sino todas las facciones que han ido surgiendo estos años. Vemos que en los países vecinos y hermanos hay experiencias que, salvando las distancias, pueden servirnos de inspiración.

Estado Aragonés tiene la mano tendida, pero si no fuese posible, las pasadas elecciones municipales han servido para demostrarnos que tenemos capacidad para presentar nuestra propia lista electoral. Trabajaremos por la reunificación, pero si no hay acuerdo, seguiremos nuestro camino hasta que se den las condiciones para ello.

Rafel Fleta Girón

Secretario General

Estado Aragonés.